miércoles, 15 de febrero de 2017

Carta de John William Cooke a Alicia Eguren


Stupity:

Cuando usted llegó a lo de Palacio, con su sombrero coronado de flores de durazno (¿o serían jazmines?) me dio la sensación de un bello junco a la espera de vendaval que lo abatiese inmisericorde. Usted me dirá señora, que desde entonces ha pasado diez años y, ¡ay!, muchos vendavales. No haga caso del almanaque, señora, que es una obra mezquina de los burócratas del Tiempo. Son otros equinoccios los que rigen para nosotros. Yo le voy a contar la verdadera historia, la auténtica y real.
De lo de Palacio fuimos a su casa, y hablamos de presidentes depuestos y de políticos, en la penumbra propicia de un crepúsculo de primavera. Comimos chez moi, usted leyó versos. Desde entonces, su adorable sonrisa de conejo ilumino mis felices noches de conspirador en desgracia.
Ud., señora, aprovecho para hacerme víctima de de sus artimañas e insolencias: puso en duda mi indiscutido talento, mis virtudes para el mando y mi condición de jefe; creó serias dificultades a mi acercamiento con el sector femenino del Partido; y en suma, intentó tratarme como a otros de sus peleles. Ahora culmina sus desafueros apareciendo en mi celda, a las horas más intempestivas para intranquilizar mi reposo y turbar mis pensamientos. (No crea que me quejo, señora: Ud. sabe que nunca me quejo).
Dicen que estoy por abandonar esta celda y me apresuro a escribirle. ¿Por qué? ¡Ah señora! No es que no sepa que de Ud. se puede decir la frase del poeta: Qu`est-ce qu`il y a de plus changeant qu`un matin d`avril, si ce n`est que le coeur de mon amant (confío en que mi francés sea menos traicionero que Ud.). Pero eso no impide que yo tenga el deseo de verla caminar y moverse cerca de mí, mientras su cara conejal se anima y profiere impertinencias, y los lugares van quedando contaminados con su coquetería insoportable.
Ya ve señora, que humildes son mis anhelos. Venga a verme. La llamo apelando a los lazos indestructibles que unen a los conspiradores y a una relación de la cual lo menos que podrá decirse (en el peor de los casos) es aquella otra frase: questa é una piccola aventura, patética, milagrosa, e cuasi d`amore.

Cooke

P.D.: Esta carta la escribí un día que me anunciaron mi libertad. La he dejado como estaba.

Otra vez Cooke.

sábado, 4 de febrero de 2017

"Que Dios nuestro señor se apiade de su alma"


"Para mi en este momento las palabras de Cristo: 'ama a tu prójimo como a ti mismo' significa 'haz reformas estructurales'"
Pier Paolo Passolini



 La izquierda abstracta, que demuestra una y otra vez su ineptitud para el análisis de la historia concreta, incurre en la repetición mecánica de consignas: "La religión es el opio de los pueblos", vocifera cuando ve, por ejemplo, que anti-imperialismo, anti-colonialismo y religión coincidieron satisfactoriamente en el triunfo de la Revolución Iraní. El marxismo dogmático siempre entendió al fenómeno religioso como un mero reflejo superestructural de las condiciones materiales. La "opresión espiritual", fruto de la impotencia de los explotados en su lucha contra el capital, lleva a la fabulación de una vida "mas allá" de la terrestre. Este análisis dogmático y anti-dialéctico plantea una determinación unidireccional de la infraestructura sobre la superestructura. Un análisis verdaderamente dialéctico, como el de propio Marx y Lenin, revela que el fenómeno religioso posee un carácter dual: es la vez legitimación y protesta, lo que puede significar que en ciertos momentos muchos creyentes se cuenten entre las filas de los revolucionarios. Lo imprescindible en estos casos es subordinar la vieja lucha ideológica entre materialismo e idealismo (es "la realidad social la que determina la conciencia" y no al revés) a la lógica práctica de la lucha de clases: asegurar la victoria parcial de las fuerzas conjuntas. (1) El ejemplo de Camilo Torres es paradigmático en este sentido. En una entrevista que le realiza un periodista francés a mediados de 1965 declara a propósito de una posible alianza estratégica con los comunistas: "(...) como nosotros lanzamos la consigna de que seríamos amigos de todos los revolucionarios y enemigos de todos los contrarrevolucionarios, nosotros somos amigos de los comunistas e iremos con ellos hasta la toma del poder, sin descartar la posibilidad de que después habrá discusiones sobre problemas filosóficos. Pero lo que importa por el momento son las cuestiones prácticas en las que ya estamos de acuerdo."  (2)
Federico Engels escribió en “Contribución al estudio del cristianismo primitivo” que “Ambos, el cristianismo y el socialismo obrero predican una próxima liberación de la servidumbre y la miseria; el cristianismo traslada esta liberación al más allá, a una vida después de la muerte, en el cielo; el socialismo la sitúa en este mundo, en una transformación de la sociedad”  José Carlos Mariátegui, casi diez años después  de que los soviets inmortalizaran la frase de Marx en las paredes cercanas a la capilla de la Virgen de Iberia en Moscú, intentó superar esta aparente contradicción entre el Reino de Dios (escatología trascendental cristiana) y la historia material a través de una suerte de traducción  traducción y, por lo tanto, resignificación  de ciertos conceptos de la religión. Surgidas como una reacción romántica de “reecantamiento” del mundo contra el racionalismo positivista  (“ Ni la Razón ni la Ciencia pueden satisfacer toda la necesidad de infinito que hay en el hombre ) del marxismo y pasados por un tamiz secular y profano, las ideas del Mito como relato que sitúa al hombre en la historia y le da sentido a su experiencia , la fé y el heroismo de las grandes epopeyas y la “Revolución” como síntoma del fin de los tiempos lo llevaron a concluir que “ una revolución es siempre religiosa (...) poco importa que los soviets escriban en sus afiches de propaganda que la religión es 'el opio de los pueblos” . (3)
En los años 40, la ecléctica combinación entre misticismo judío y materialismo dialéctico llevó a Walter Bejamin a rescatar el concepto de mesianismo como categoría política en sus famosas Tesis... donde  refuta la idea de la Historia como un progreso lineal  que "no deja de amontonar ruinas sobre ruinas y las arroja a sus pies" (4)  a través de la metáfora del Angelus Novus. El Mesías en Bejamin se corresponde con las clases explotadas, llamadas a acudir a la “cita histórica” con sus generaciones anteriores a través del recuerdo como forma de vincular el pasado -que lleva incluido un “índice temporal que lo remite a la redención”- y el presente en el tiempo-ahora de la lucha revolucionaria. Este Mesías se enfrenta en una lucha dialéctica con el Anti-Cristo, es decir, la concepción burguesa de la historia. Una verdadera revolución en la concepción del tiempo histórico; implica el pasaje de una concepción cuantitativa a una cualitativa.
Ya en los años 60 el Catolicismo Renovador, respuesta modernizante de la Iglesia ante los turbulentos cambios culturales, el Cristianismo Liberacionista como radicalización político-ideológica y la Teología de la Liberación intentaron reformular las relaciones entre Iglesia y sociedad a la vez que aportaron una invaluable experiencia de compromiso político revolucionario y profunda convicción en el mensaje originario de Cristo: “servir al prójimo”, “realizar el amor para todos”. El capitalismo entendido como “pecado estructural” (5) solo podía ser redimido por una transformación total que le devuelva el poder a las clases populares: era una exigencia moral de todo auténtico cristiano exigir el pasaje de un sistema de propiedad privada y acumulación individual de riqueza a uno de propiedad social y distribución equitativa. En Colombia, Camilo Torres y el Frente de Unidad Popular (cuya plataforma incluía Reforma Agraria, Reforma Urbana, planificación de la economía, Nacionalización de los recursos principales y reivindicación de los derechos de la mujer) (6); en Argentina Carlos Mugica y el peronismo como expresión real del “pueblo de Cristo”: los pobres, los villeros, la clase trabajadora. El debate sobre si es legítima la “guerra justa”, sobre la “eficacia” de los medios en relación a los fines, encontró en esta radicalización su primer -y quizás mas trágico- limite. Algunos eligieron las armas para “encarnar el pecado”  y así reconciliar al hombre con Dios, tal como hizo Cristo. Camilo Torres murió “cuando iba por su fusil” como canta Victor Jara en su homenaje al cura guerrillero. Mugica nunca empuñó las armas, aunque supo entender que su pueblo era pacífico, pero que tenía “ (...)paciencia y esa paciencia tiene un límite.” Su cuerpo cayó abatido  por balas que también decían tener a Dios de su lado.


(1) Socialismo y Religión; Actitud del partido obrero hacia la religión, Lenin
(2) “Solo mediante la revolución puede realizarse el amor al prójimo”, entrevista a Camilo Torres por Jean-Pierre Sergent, segunda mitad de 1965; Mensaje a los Cristianos; Mensaje a los comunistas, Camilo Torres.
(3) Siete ensayos sobre la realidad peruana; El Hombre y el Mito, José Carlos Mariátegui.
(4) Tesis sobre la filosofía de la historia, Walter Benjamin
(5) Cristianismo y revolución: El orígen de Montoneros, Esteban Campos
(6) Plataforma del Frente Unido Colombiano, 1965

martes, 24 de enero de 2017

Sobre la (im)posibilidad de revolucionar al "hecho maldito..."

Que raro que un "compañero" esgrima los argumentos del enemigo para denunciar las desviaciones militaristas de Montoneros, no? Claro, la culpa la tuvieron los muchachos de las FAR, que "contagiaron" el virus marxista a los compañeros nacionalistas católicos, pero que al final no entendieron nada de política, a pesar de tener una "formación intelectual muy dura". En realidad, la concepción de la relación entre lo político y lo militar en las FAR era mucho mas compleja, pero perdonemosle al entrevistado esa falta de análisis ya que, en realidad, todos sus argumentos son bastantes superficiales.
Cooke fue el primero en señalar que las limitaciones del nacionalismo burgués peronista surgían del hecho de que el movimiento, ese "gigante invertebrado y miope", no estaba estructurado como Partido Revolucionario; es decir, entendido como "unidad de teoría, acción y métodos organizativos" donde la clase obrera no fuera solamente la "columna vertebral" sino el sujeto revolucionario por excelencia. Por lo tanto, la intención de transformar al Movimiento Nacional en Partido Revolucionario de Vanguardia no fue un plan del fantasma "bolchevique" leninista, o de teorías foraneas y exóticas, como todavía parecen creer obstinadamente algunos defensores a ultranza de la tan tergiversada "tercera posición"; la esbozaron los compañeros del Peronismo Revolucionario, en consonancia con exigencias concretas. La Vanguardia camina adelante, es cierto. Pero nunca al costado. El papel de la vanguardia es superar, partiendo siempre del nivel de conciencia política de las masas, las reivindicaciones inmediatas - los intereses "económico-corporativos"- de la clase obrera y las limitaciones objetivas de la burguesía local (ya que cargarla con el apelativo de "nacional" fue hacer demasiada concesión y cuyo error político se pagó con los años) que es incapaz de llevar a cabo las tareas democrático-burguesas.
No hay un Perón bueno y un Perón malo: fue siempre el mismo. La "Comunidad organizada" y la conciliación capital-trabajo fue progresiva en cierto momento histórico, al constituirse como un bonapartismo "sui generis" encargado de llevar adelante el proceso de industrialización, base indispensable de cualquier proyecto de liberación nacional. En los 70 las contradicciones se agudizaron, en parte debido al asesinato de Rucci, error político y estratégico imperdonable de la conducción Montonera. Pero también dejó en evidencia dos proyectos políticos que se tornaron incompatibles, irreconciliables. Los compañeros de la Tendencia hablaban de lucha de clases y pedían control obrero de la producción; pero en el marco de un "socialismo nacional", no de un socialismo marxista internacionalista abstracto, sino de un socialismo profundamente arraigado en la tradición de lucha histórica de la clase obrera, que es indefectiblemente peronista. Es imposible negar el factor nacional si se quiere delinear una eficaz estrategia de poder dentro de un proyecto revolucionario. Negar al peronismo es negar la historia nacional. Los compañeros peronistas revolucionarios intentaron llevar a la práctica la superación orgánica -o dialéctica- del peronismo en una síntesis que no lo niegue, sino que lo supere integrándolo. Transformar al Peronismo de Movimiento de Liberación nacional en Movimiento de Liberación Nacional y Social, dos objetivos indiferenciables si se quiere evitar caer en un mecánico "etapismo". "Somos los hijos legítimos del movimiento, aunque seamos los hijos ilegítimos de Perón" supo decir el nefasto Firmenich. Crear tantos hechos revolucionarios que a Perón no lo quede otro remedio que aceptarlos.