sábado, 4 de febrero de 2017

"Que Dios nuestro señor se apiade de su alma"


"Para mi en este momento las palabras de Cristo: 'ama a tu prójimo como a ti mismo' significa 'haz reformas estructurales'"
Pier Paolo Passolini



 La izquierda abstracta, que demuestra una y otra vez su ineptitud para el análisis de la historia concreta, incurre en la repetición mecánica de consignas: "La religión es el opio de los pueblos", vocifera cuando ve, por ejemplo, que anti-imperialismo, anti-colonialismo y religión coincidieron satisfactoriamente en el triunfo de la Revolución Iraní. El marxismo dogmático siempre entendió al fenómeno religioso como un mero reflejo superestructural de las condiciones materiales. La "opresión espiritual", fruto de la impotencia de los explotados en su lucha contra el capital, lleva a la fabulación de una vida "mas allá" de la terrestre. Este análisis dogmático y anti-dialéctico plantea una determinación unidireccional de la infraestructura sobre la superestructura. Un análisis verdaderamente dialéctico, como el de propio Marx y Lenin, revela que el fenómeno religioso posee un carácter dual: es la vez legitimación y protesta, lo que puede significar que en ciertos momentos muchos creyentes se cuenten entre las filas de los revolucionarios. Lo imprescindible en estos casos es subordinar la vieja lucha ideológica entre materialismo e idealismo (es "la realidad social la que determina la conciencia" y no al revés) a la lógica práctica de la lucha de clases: asegurar la victoria parcial de las fuerzas conjuntas. (1) El ejemplo de Camilo Torres es paradigmático en este sentido. En una entrevista que le realiza un periodista francés a mediados de 1965 declara a propósito de una posible alianza estratégica con los comunistas: "(...) como nosotros lanzamos la consigna de que seríamos amigos de todos los revolucionarios y enemigos de todos los contrarrevolucionarios, nosotros somos amigos de los comunistas e iremos con ellos hasta la toma del poder, sin descartar la posibilidad de que después habrá discusiones sobre problemas filosóficos. Pero lo que importa por el momento son las cuestiones prácticas en las que ya estamos de acuerdo."  (2)
Federico Engels escribió en “Contribución al estudio del cristianismo primitivo” que “Ambos, el cristianismo y el socialismo obrero predican una próxima liberación de la servidumbre y la miseria; el cristianismo traslada esta liberación al más allá, a una vida después de la muerte, en el cielo; el socialismo la sitúa en este mundo, en una transformación de la sociedad”  José Carlos Mariátegui, casi diez años después  de que los soviets inmortalizaran la frase de Marx en las paredes cercanas a la capilla de la Virgen de Iberia en Moscú, intentó superar esta aparente contradicción entre el Reino de Dios (escatología trascendental cristiana) y la historia material a través de una suerte de traducción  traducción y, por lo tanto, resignificación  de ciertos conceptos de la religión. Surgidas como una reacción romántica de “reecantamiento” del mundo contra el racionalismo positivista  (“ Ni la Razón ni la Ciencia pueden satisfacer toda la necesidad de infinito que hay en el hombre ) del marxismo y pasados por un tamiz secular y profano, las ideas del Mito como relato que sitúa al hombre en la historia y le da sentido a su experiencia , la fé y el heroismo de las grandes epopeyas y la “Revolución” como síntoma del fin de los tiempos lo llevaron a concluir que “ una revolución es siempre religiosa (...) poco importa que los soviets escriban en sus afiches de propaganda que la religión es 'el opio de los pueblos” . (3)
En los años 40, la ecléctica combinación entre misticismo judío y materialismo dialéctico llevó a Walter Bejamin a rescatar el concepto de mesianismo como categoría política en sus famosas Tesis... donde  refuta la idea de la Historia como un progreso lineal  que "no deja de amontonar ruinas sobre ruinas y las arroja a sus pies" (4)  a través de la metáfora del Angelus Novus. El Mesías en Bejamin se corresponde con las clases explotadas, llamadas a acudir a la “cita histórica” con sus generaciones anteriores a través del recuerdo como forma de vincular el pasado -que lleva incluido un “índice temporal que lo remite a la redención”- y el presente en el tiempo-ahora de la lucha revolucionaria. Este Mesías se enfrenta en una lucha dialéctica con el Anti-Cristo, es decir, la concepción burguesa de la historia. Una verdadera revolución en la concepción del tiempo histórico; implica el pasaje de una concepción cuantitativa a una cualitativa.
Ya en los años 60 el Catolicismo Renovador, respuesta modernizante de la Iglesia ante los turbulentos cambios culturales, el Cristianismo Liberacionista como radicalización político-ideológica y la Teología de la Liberación intentaron reformular las relaciones entre Iglesia y sociedad a la vez que aportaron una invaluable experiencia de compromiso político revolucionario y profunda convicción en el mensaje originario de Cristo: “servir al prójimo”, “realizar el amor para todos”. El capitalismo entendido como “pecado estructural” (5) solo podía ser redimido por una transformación total que le devuelva el poder a las clases populares: era una exigencia moral de todo auténtico cristiano exigir el pasaje de un sistema de propiedad privada y acumulación individual de riqueza a uno de propiedad social y distribución equitativa. En Colombia, Camilo Torres y el Frente de Unidad Popular (cuya plataforma incluía Reforma Agraria, Reforma Urbana, planificación de la economía, Nacionalización de los recursos principales y reivindicación de los derechos de la mujer) (6); en Argentina Carlos Mugica y el peronismo como expresión real del “pueblo de Cristo”: los pobres, los villeros, la clase trabajadora. El debate sobre si es legítima la “guerra justa”, sobre la “eficacia” de los medios en relación a los fines, encontró en esta radicalización su primer -y quizás mas trágico- limite. Algunos eligieron las armas para “encarnar el pecado”  y así reconciliar al hombre con Dios, tal como hizo Cristo. Camilo Torres murió “cuando iba por su fusil” como canta Victor Jara en su homenaje al cura guerrillero. Mugica nunca empuñó las armas, aunque supo entender que su pueblo era pacífico, pero que tenía “ (...)paciencia y esa paciencia tiene un límite.” Su cuerpo cayó abatido  por balas que también decían tener a Dios de su lado.


(1) Socialismo y Religión; Actitud del partido obrero hacia la religión, Lenin
(2) “Solo mediante la revolución puede realizarse el amor al prójimo”, entrevista a Camilo Torres por Jean-Pierre Sergent, segunda mitad de 1965; Mensaje a los Cristianos; Mensaje a los comunistas, Camilo Torres.
(3) Siete ensayos sobre la realidad peruana; El Hombre y el Mito, José Carlos Mariátegui.
(4) Tesis sobre la filosofía de la historia, Walter Benjamin
(5) Cristianismo y revolución: El orígen de Montoneros, Esteban Campos
(6) Plataforma del Frente Unido Colombiano, 1965

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