martes, 24 de enero de 2017

Sobre la (im)posibilidad de revolucionar al "hecho maldito..."

Que raro que un "compañero" esgrima los argumentos del enemigo para denunciar las desviaciones militaristas de Montoneros, no? Claro, la culpa la tuvieron los muchachos de las FAR, que "contagiaron" el virus marxista a los compañeros nacionalistas católicos, pero que al final no entendieron nada de política, a pesar de tener una "formación intelectual muy dura". En realidad, la concepción de la relación entre lo político y lo militar en las FAR era mucho mas compleja, pero perdonemosle al entrevistado esa falta de análisis ya que, en realidad, todos sus argumentos son bastantes superficiales.
Cooke fue el primero en señalar que las limitaciones del nacionalismo burgués peronista surgían del hecho de que el movimiento, ese "gigante invertebrado y miope", no estaba estructurado como Partido Revolucionario; es decir, entendido como "unidad de teoría, acción y métodos organizativos" donde la clase obrera no fuera solamente la "columna vertebral" sino el sujeto revolucionario por excelencia. Por lo tanto, la intención de transformar al Movimiento Nacional en Partido Revolucionario de Vanguardia no fue un plan del fantasma "bolchevique" leninista, o de teorías foraneas y exóticas, como todavía parecen creer obstinadamente algunos defensores a ultranza de la tan tergiversada "tercera posición"; la esbozaron los compañeros del Peronismo Revolucionario, en consonancia con exigencias concretas. La Vanguardia camina adelante, es cierto. Pero nunca al costado. El papel de la vanguardia es superar, partiendo siempre del nivel de conciencia política de las masas, las reivindicaciones inmediatas - los intereses "económico-corporativos"- de la clase obrera y las limitaciones objetivas de la burguesía local (ya que cargarla con el apelativo de "nacional" fue hacer demasiada concesión y cuyo error político se pagó con los años) que es incapaz de llevar a cabo las tareas democrático-burguesas.
No hay un Perón bueno y un Perón malo: fue siempre el mismo. La "Comunidad organizada" y la conciliación capital-trabajo fue progresiva en cierto momento histórico, al constituirse como un bonapartismo "sui generis" encargado de llevar adelante el proceso de industrialización, base indispensable de cualquier proyecto de liberación nacional. En los 70 las contradicciones se agudizaron, en parte debido al asesinato de Rucci, error político y estratégico imperdonable de la conducción Montonera. Pero también dejó en evidencia dos proyectos políticos que se tornaron incompatibles, irreconciliables. Los compañeros de la Tendencia hablaban de lucha de clases y pedían control obrero de la producción; pero en el marco de un "socialismo nacional", no de un socialismo marxista internacionalista abstracto, sino de un socialismo profundamente arraigado en la tradición de lucha histórica de la clase obrera, que es indefectiblemente peronista. Es imposible negar el factor nacional si se quiere delinear una eficaz estrategia de poder dentro de un proyecto revolucionario. Negar al peronismo es negar la historia nacional. Los compañeros peronistas revolucionarios intentaron llevar a la práctica la superación orgánica -o dialéctica- del peronismo en una síntesis que no lo niegue, sino que lo supere integrándolo. Transformar al Peronismo de Movimiento de Liberación nacional en Movimiento de Liberación Nacional y Social, dos objetivos indiferenciables si se quiere evitar caer en un mecánico "etapismo". "Somos los hijos legítimos del movimiento, aunque seamos los hijos ilegítimos de Perón" supo decir el nefasto Firmenich. Crear tantos hechos revolucionarios que a Perón no lo quede otro remedio que aceptarlos.

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